Camino por Serrano, la zona "noble" que se encuentra al norte de Joaquín Costa. Es la 1 am. No voy a explicar que hago por allí, pero me retiro ya hacia casa. Mañana trabajo.
De un piso oigo un grito. Me parece escuchar un cierto "fondo sonoro". Diría que es una película. Pero el instinto es fuerte y ante el grito me giro y miro.
De repente, un joven al que no veo, grita: "Sí, le estoy matando... ¿qué miras?" (o algo muy similar). Yo levanto la mano en señal de "a mi plim" y de "paz" al mismo tiempo. Un acompañante le dice que no pasa nada y el otro (posiblemente borracho) sigue gritando "me toca la polla que mire".
No quiero problemas y sigo mi camino (no lo he dejado en ningún momento, realmente). Pero, si mañana en la edición de los tabloides mañaneros que regalan en el metro leyera sobre un nuevo caso de violencia doméstica en el corazón del Madrid más pijo, me sentiría cómplice por silencio.
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