Detrás de mí, una pareja muy joven interpreta para sí misma un drama en tres actos. Ellos creen que es un acto completamente privado, porque yo llevo unos auriculares. Lo que ellos no saben es que mis auriculares no suenan porque mi música se acabó hace 5 minutos.
1er acto: Él le recrimina a ella que le ha contado cómo un amigo intentaba ligársela. Ella ha considerado que era incluso gracioso, pero a él "
le jode mogollón" oir esas cosas, y "
menos mal que no estaba allí porque habría habido que sujetarle". Él le explica que ese amigo es experto en victimizarse delante de las novias de otros y que ellas acaban
cayendo.
2o acto: A continuación él pasa a relatarle cómo una ex-novia le hizo la vida imposible. Cómo se la intentó ligar su amigo y cómo ésta sucumbió y le puso los cuernos. Ya, de paso, también también le contó cómo le corneó con otra chica, cómo le hacía la vida imposible y todo un catálogo de infamias en las que ella recibe todas las atenciones y a cambio solo reparte deslealtades y desagradecimiento. Y que gracias a ella (o quizás por culpa de ella), ahora es más duro y tampoco se involucra tanto en las relaciones. Le lleva casi media hora de relato.
3er acto: Ahora ella le admira. Se disculpa por su acto inicial. Aquella que ocupó antes su lugar era la maldad personificada y su chico es un santo, el novio ideal, alguien con un corazón infinito y todo lo majo que un hombre puede ser. Besos. Más besos. La humedad de los besos va aumentando. Es el momento de encender el móvil y dejarse llevar por Pink Floyd.
Yo, como observador ajeno, atento no solo al contenido sino también a la forma, creo que toda la charla ha sido una memorable actuación. Que ella se ha dejado llevar por el más hábil de los sofistas junior. Que el hecho de que él se haya extendido tanto en contarle tantos detalles sobre su ex-novia es tan ignominioso o más como el que ella le haya explicado como intentaban
levantarsela. Que ya, de paso, él le ha dejado claro que no va a involucrarse mucho en la relación.
Ójala ella se libre de él pronto, porque dar manipulación psicológica cuando recibes sinceridad es tener un triste sentido del amor.