Un antiguo compañero de trabajo me decía hace tiempo que un efecto negativo del caso Watergate era que muchos periodistas no se consideraban dignos de tal nombre si no conseguían la dimisión de un presidente, o, en su defecto, ministros, secretarios de estado, presidentes de grandes compañías, etc.
Esto, unido a la fuerte polarización de los medios ha llevado a que constantemente tengamos a los medios de comunicación destapando escándalos de sus adversarios políticos (o los de sus grupos afines, o los de sus empresas afines).
Creo que tal exceso tiene un contrapunto negativo: los escándalos ya no nos llaman la atención por tan amplios y tan repartidos, y las investigaciones detrás de ellos rara vez son de fiar, porque están teledirigidas hacia un resultado.
El Cuarto Poder está perdiendo fuerza. Y eso deja a los poderes oficiales más libertad que nunca.
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