Otro de mis pequeños infiernos es una lucha constante contra tendencias autodestructivas.
No consiste en que quiera saltar por la ventana, ni darme un atracón de barbitúricos: ni tengo el valor ni creo que realmente las ganas de encontrarme con el creador en el que no creo.
Pero siempre me atrae dejarme caer. Abandonar. Dejar de hacer lo poco que hago. Desconectar de la gente. Dar vueltas sin propósito. Enfadarme con todos aunque no se lo merezcan para que no me llamen. Dejar de medirme con más exigencia de la que puedo permitirme. No competir lo poco que compito. Salir del mundo tal y como se ve desde aquí y pasar a otro plano.
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