Madrid, 1 a.m., una estación de Metro:
Un grupo de chicas vestidas "de fiesta" pasan por las máquinas de control de acceso. Hacen bastante ruido y no está nada claro qué están haciendo, pero podría parecer que alguna se está colando. Un guardia de seguridad se acerca. Yo sigo mi camino (no me sobra mucho tiempo y tampoco es mi problema), pero al cabo de unos minutos se sientan cerca de mi esperando el metro en el andén.
"¿Pero qué se habrá creido?", "Me ha hecho pasar dos veces", "Menudo gilipollas", "Estos tíos se aburren mogollón". Frases que me hacen pensar que se ha cometido una injusticia y que las pobres chicas no estaban haciendo nada.
De repente oigo una que lo aclara "Joder, tía, siempre que me cuelo en el metro tengo algún problema con un puto segurata".
Lo curioso no es que se intenten colar, porque parecen estudiantes sin ingresos que van a hacer lo que sea por ahorrarse un euro, ni tampoco que se lamenten de que las hayan pillado. Lo curioso es que le increpen como si hubiera cometido una injusticia cuando el guardia ha hecho lo que se espera de él.
Me sorprende cuanta gente hay en el mundo tan egocentrista que son capaces de ensalzar sus faltas y criticar las virtudes de otros únicamente porque van en su contra.
martes, 8 de julio de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario