En Madrid, ciudad donde vivo, hay una calle dedicada a Arturo Soria. Donde cruza esa calle con la Carretera de Barcelona, situada sobre el puente, hay una estatua del urbanista que mira hacia el interior de Madrid.
La calle Arturo Soria es de por sí un reflejo flojo y descafeinado de sus ideas, pero la vista que tiene desde allí es la ciudad-monstruo en todo su esplendor: la Avenida de América, amalgama de tráfico inagotable; la M-30, via de circunvalación que ya es parte del centro de la ciudad; las casas apiladas y casi apelotonadas de Cartagena y Prosperidad; Las Torres Blancas, símbolo de su época que ya no destacan en casi nada; un hotel rojizo y luminoso donde espero no alojarme nunca, porque no soporto las luces de neón del exterior; el edificio de IBM, centro dedicado al alquiler masivo de cerebros, como tantos otros...
¿Qué hizo de malo Don Arturo Soria y Mata para condenarle a toda una eternidad con semejantes vistas? ¿Porqué - habiéndole condenado como estatua que es a no poder girar la cabeza - dejan que por el rabillo del ojo apenas intuya ese pálido reflejo de sus ideas, pero sin poder llegar a verlas?
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1 comentario:
-Si,es curioso pero mucha gente no sabe el alcance que el proyecto de la Ciudad Lineal de Arturo Soria,era enorme,colosal cabría decir,y es significativo que precisamente sea la carretera de Barcelona a la que esté casi asomada...
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